ASSOCIACIÓ DE SUPERDOTATS I TALENTOSOS

CLADELLAS I PROS

CENTRE DE PSICOLOGIA CLÍNICA ENRIC CLADELLAS


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¿Es su hijo superdotado?
El que sabe vivir es feliz: Pautas para un bienestar emocional, social y educativo
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Contenido:
© Enric Cladellas i Pros
La realidad de la escuela frente a un niño superdotado

Asumamos que los padres se han esforzado en educar correctamente a su hijo, y que éste se esta convirtiendo en un niño superdotado cuando llega al colegio. En principio, el colegio debería potenciar su desarrollo aportando el tiempo y la profesionalidad académica que los padres no pueden asumir. Pero en algunos casos, el paso por el colegio puede transformarse en algo nocivo, que dificulta el adecuado desarrollo del niño y hace tambalearse los resultados previamente conseguidos.

Los niños superdotados pueden ser problemáticos en clase. Son niños que comprenden más rápido y mejor, con un espíritu crítico, que necesitan ser convencidos y desean aprender rápida y profundamente. Con su lógica implacable, al abordar un tema nuevo les surgen inmediatamente preguntas que a los demás no se les pasan por la imaginación, y que a veces desconciertan a los profesores y a los adultos que les rodean.

Además cuando los adultos les dan respuestas carentes de argumentos, del tipo "no lo voy a discutir contigo porque eres un niño", "cuando seas mayor lo comprenderás" o "es así porque sí, porque lo digo yo y porque es lo que deberás contestar en el examen" o "no te respondo porque no sé la respuesta", no ocultan el desprecio intelectual que sienten hacia sus interlocutores. Y una vez que un adulto ha perdido ante ellos su credibilidad, es difícil que le respeten o le vuelvan a prestar atención.

Por otra parte, su capacidad de trabajo es enorme, lo que les permite ser rápidos, asociar conceptos distintos entre sí, y la mayoría de las veces creativos. Esto contribuye a que se aburran con gran facilidad en tareas repetitivas. Su rapidez intelectual hace que el ritmo normal de la clase sea aburrido para ellos, por lo que cuando lo que está repitiendo por enésima vez el profesor ya no les interesa, sencillamente dejan de escucharle y fijan su atención en otras áreas más estimulantes para ellos. Pueden ser pensamientos o imaginaciones propias, o pueden ser estímulos del entorno.

Esta falta de atención hace que muchos niños superdotados se manifiesten en clase por su bajo rendimiento académico, ya que cabe el riesgo de que antes de que el niño vuelva a poner atención, el profesor ya haya cambiado de tema sin que el niño superdotado lo perciba.

En otros casos, el niño superdotado al que el lento ritmo de progreso de la clase desmotiva puede encauzar su inteligencia, rapidez y capacidad en contra del profesor, considerando que es más divertido y estimulante observar las reacciones del profesor para aprender a manipularlo, que seguir su discurso lento y desmotivante. Si su carácter le facilita ser el líder de sus compañeros, -raramente esto ocurre- el profesor se puede enfrentar a un verdadero problema, de todos modos, aunque el superdotado no sea el líder, igualmente se encuentra con un problema añadido, al tener que enfrentarse ante un niño al que no entiende ni quiere entender.

Sin embargo, ninguno de los dos supuestos sugiere que el niño superdotado sea despistado o revoltoso por naturaleza, sino simplemente que si el medio no le aporta los estímulos que necesita, él los busca. Una educación correcta debe garantizar el adecuado encauzamiento de esta tendencia. Se haga lo que se haga con el niño superdotado, es indispensable mantenerlo estimulado y evitar que se aburra.

Además, cuando la brillantez y peculiaridad del niño superdotado se manifiesta, los profesores y las autoridades académicas lo pueden percibir como un problema, pues es algo que se sale de la norma y para lo que no hay una clara respuesta estandarizada. Algunos profesores están molestos con ese niño que pregunta sin cesar y no siempre se satisface con las respuestas más adecuadas. Para la administración educativa, es un niño distinto a los demás y, por tanto, un problema burocrático. La administración contempla tres posibilidades ante estos niños: ignorarlos, hacer una adaptación curricular o acelerarlos.