ASSOCIACIÓ DE SUPERDOTATS I TALENTOSOS

CLADELLAS I PROS

CENTRE DE PSICOLOGIA CLÍNICA ENRIC CLADELLAS


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Aprender a controlar las obsesiones y las compulsiones
¿Es su hijo superdotado?
El que sabe vivir es feliz: Pautas para un bienestar emocional, social y educativo
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Acelerar a los niños superdotados

Acelerar consiste en pasar al curso superior al niño superdotado. Otras formas de acelerar es aceptar al niño antes de la edad establecida para su ingreso en el colegio, o ingresarlo directamente en el curso correspondiente al nivel con el que el niño llega al colegio, y no en el de su edad.

La lógica subyacente es que el curso en el que un niño se halle debe definirse según su nivel de conocimientos y habilidades, y no sólo por su estricta edad cronológica. Por ejemplo es insensato y contraproducente que un niño bien dotado, que sabe leer con cierta soltura antes de los cuatro años, ingrese y permanezca a los seis en una clase cuyo objetivo esencial es aprender a leer y adquirir conocimientos que ya posee.

Acelerar a un niño no supone grandes problemas puesto que al haber sido educado de un modo correcto tiene un nivel que realmente es más acorde con el de niños mayores que con los de su propia edad. El problema está con los niños talentosos en los cuales su nivel es mucho más alto en un área que en las demás, por lo que si avanza de curso puede no dar el nivel en algunas asignaturas. En los superdotados -aunque potencialmente destacan en todas las áreas- también puede darse el caso de que en algunas asignaturas deslumbren más que en otras. No obstante esto no es ningún problema si realmente se hacen las cosas de forma correcta. Hay formas de compensar este riesgo, una sería la postura que nosotros adoptamos en nuestra asociación y que consiste en preparar al niño a alcanzar el nivel necesario en las asignaturas que menos le interesan o destaca. El objetivo es reforzar la dedicación del niño en las áreas que es menos brillante. Tenemos que tener en cuenta, tal como ya he comentado anteriormente, que es normal que un superdotado tenga más facilidad para unas asignaturas que para otras, y que en algunas ocasiones sus resultados académicos sean heterogéneos.

Las ventajas de la aceleración son evidentes: mantiene el estimulo académico del niño, evita que se sienta constantemente superior a sus compañeros -puesto que están agrupados por nivel, y no por edad- y le enseña a superar las frustraciones. Además, no es una opción especialmente cara, puesto que el curso superior existe de todos modos independientemente de que el niño asista a él o no. Pasarle a ese curso sólo supone el esfuerzo y el gasto económico de detectar y valorar su caso. (Esta detección y valoración la realizamos en nuestra asociación, pero lo que realmente sería idóneo es que se hiciese desde la propia escuela). Pero aquí ya nos encontramos con el problema de siempre que los profesionales de la educación no están lo suficientemente preparados para poder llevar a término esta identificación, no obstante la culpa no es de ellos, sino que el problema ya viene de más lejos, especialmente del gobierno.

Algunas opiniones poco informadas aducen que como la maduración del niño social y emotiva no está de acorde a su nivel intelectual, la aceleración puede plantear problemas de relación social o afectiva con los demás niños de la clase. No existen datos fiables ni estudios metodológicos correctos que demuestren ese hecho. En todo caso y aunque fuera cierto, la actitud de los padres y del profesor, así como la de un especialista en estos niños -retando importancia al propio hecho de la aceleración, presentándola como algo divertido y estimulante que permite conocer nuevos amigos y preparando al niño a afrontarlo, puede minimizar muchos de estos problemas. Es más, la observación de las relaciones sociales entre sus nuevos compañeros mayores que él puede ayudar también la aceleración de su maduración social y emotiva. En el peor de los casos, para ello estamos nosotros personas especialistas con estos niños que les podemos hacer de tutor, tal como ya he comentado antes y de psicólogos con el reto de prepararlos psíquicamente, a fin de ayudarles a madurar en todos los ámbitos (habilidades sociales, problemas emocionales, etc..)

Por último, aunque exista el riesgo de inadaptación social transitoria, es evidente que las ventajas de la aceleración superan con creces sus potenciales inconvenientes, especialmente si la única alternativa es ignorar la superdotación del niño. La aceleración a mi modo de entender constituye la mejor opción para el niño superdotado.